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Cáñamo, el cultivo del futuro

Por Daniela Rodríguez para Cannabis Chile (.cl)

Antes de convertirse en una sustancia ilegal, el cáñamo era uno de los cultivos más comunes en el mundo y se plantaba con la misma naturalidad que el algodón y las hortalizas. Su origen se puede rastrear al 8000 A.C. en el continente asiático, en especial en China e India, en donde fue la primera planta utilizada para extraer fibra y se reconocía por su resistencia en la fabricación de cuerdas, papel y aceite para lámparas. La cannabis se considera como una de las cinco plantas sagradas en la cultura India y la mitología cuenta que entre sus hojas vivía un ángel de la guarda. Para hablar del cáñamo, se debe hablar de la cannabis, su prohibición y erradicación, influenciada en forma directa por las políticas prohibicionistas impulsadas por los Estados Unidos pero, esta es una historia un tanto extensa y que para nuestra sorpresa se encuentra marcada por fuertes contradicciones.

Los primeros cultivos en suelo estadounidense estuvieron a cargo de los franceses y británicos que cultivaron cáñamo en las colonias de Port Royal, Virginia y Plymouth. Pronto, se extendería por todo el territorio ya que en el año 1619, en Jamestown Virginia, se firma una ley que exige que todos los habitantes deberán cultivar cáñamo con fines de exportación para así satisfacer la enorme demanda por parte de Inglaterra. Por esta razón, en 1797 el presidente George Washington plantó cáñamo como cultivo principal en sus campos de Mount Vernon, y luego le siguió el presidente Thomas Jefferson como cultivo secundario en sus campos en Monticello, ambos situados en Virginia. Los cultivos de cáñamo crecían bastante bien en Estados Unidos, en especial en el condado de Kentucky, pero cabe destacar que también se utilizaban otras fibras como el algodón y el abacá o cáñamo de Manila (Musa textilis). A comienzos del siglo XX, el cáñamo comienza a perder un poco su auge debido a la producción de algodón y porque en esos tiempos no existía la tecnología necesaria para separar la fibra del cáñamo y debía hacerse en forma artesanal, lo que constituía una de las tareas más difíciles. En 1919, George Schlichten obtiene una patente por la creación de una máquina descortizadora que facilitó la extracción de fibra de cáñamo, ya que poseía la particularidad de incluso procesarlo estando verde. Su intención era difundir las propiedades beneficiosas del cáñamo y evitar así la tala indiscriminada de árboles, que él consideraba un crimen, además de poco productivo ya que de los árboles sólo se podía extraer un 30% de celulosa, en cambio en el cáñamo se podía recuperar un 80%.

¿Por qué es ilegal?

A pesar de que la cannabis era legal en los Estados Unidos, muy pocas personas lo consumían como droga y por lo general eran sólo minorías. Tras la revolución mexicana de 1910, se produce un fenómeno migratorio hacia los suelos estadounidenses, en especial en los estados de California, Nuevo México y Texas que habían pertenecido a México. Este intercambio cultural es crucial ya que es la primera vez en que los norteamericanos se ven enfrentados al consumo de cannabis como droga recreacional. Los trabajadores mexicanos, traían consigo la costumbre de fumar un cigarrillo de “María Juana” una vez terminada la jornada laboral, que por lo general consistía en trabajos de gran esfuerzo físico. Los empleadores estadounidenses miraban este nuevo hábito con desconfianza y a pesar de ser una nación fundada por emigrantes, una importante mayoría consideraba que los recién llegados habían traído consigo nuevos males, tales como problemas económicos y de desempleo. Esta supuesta preocupación por el consumo de marihuana por parte de los mexicanos, en realidad escondía un creciente racismo y xenofobia. En 1906, el Congreso aprueba la Ley de Pureza en Alimentos y Drogas (Pure Food and Drug Act) que requiere el etiquetado en medicamentos y traspasa a los estados la responsabilidad de regularlos, entre ellos los opiáceos y la cannabis. En 1911 Massachusetts se convierte en el primer estado en prohibir el cannabis y le seguiría Maine, Wyoming e Indiana.

canamosEl cáñamo además era una amenaza a los intereses económicos de grandes empresas. En la década de 1920, DuPont desarrolló y patentó aditivos químicos utilizados en la obtención de pulpa, además de elaborar plásticos y nylon. Si una persona necesitaba fibra, plástico o ropa de nylon, debía acudir a DuPont, pero el cáñamo representaba un caos económico para la empresa ya que era capaz de reemplazar todos los productos a base de árboles e hidrocarburos. Para DuPont, cambiarse al cáñamo representaba costos muy altos en cuanto a dinero y tecnología y por esta razón era más sencillo que el público nunca se enterara de los beneficios del cáñamo. Andrew Mellon era el principal inversionista de DuPont y fue asignado como secretario de la Tesorería durante el gobierno del presidente Herbert Hoover. En 1928 se prohíbe el uso recreativo del cannabis en Gran Bretaña. Esto sentaría el precedente en su persecución ya que dos años después, Mellon decide nombrar a su sobrino político Harry J. Anslinger, comisionado del “Federal Bureau of Narcotics”. Anslinger tenía experiencia en el tema drogas ya que había trabajado en forma directa en la prohibición del alcohol (1920 a 1933) y una vez que esta terminó, sus ojos se volcaron hacia la marihuana e intentó culparla por todos los comportamientos sociales inmorales. No tardaron en asociar la marihuana con la “música del diablo”, el jazz y el mensaje de Anslinger se enfocó en perpetuar el mito de que los consumidores de marihuana eran en su mayoría negros, mexicanos y artistas. Una vez que se da cuenta que no puede perseguir cada uno de los delitos de drogas en el país, impulsa el “Uniform State Narcotic Act”, que responsabiliza los casos de tráfico a cada estado. Al principio, solo 9 acuerdan firmar el Acta pero Anslinger declaró en los medios de comunicación que la marihuana causa demencia temporal, lo que provocó un gran revuelo social y así logró persuadir a los demás estados para que firmaran. Anslinger citó entre sus ejemplos, el caso de Victor Licata, un joven con un conocido historial de demencia a quien se le acusó de asesinar a su familia tras haber consumido marihuana.

Lamentablemente, debido a la satanización de la marihuana y las nuevas políticas antidroga, se logra generar el suficiente temor en la población para que con la ayuda de los mismos medios de comunicación, se instaure la errónea creencia popular de que el cáñamo es igual de maligno. Digo errónea ya que para los ojos no entendidos, se debe mencionar que el cáñamo industrial posee una diferencia fundamental con la cannabis y es que no posee Tetrahidrocanabinol (THC), por lo tanto no sirve para el uso medicinal o recreativo. Hoy en día, se utiliza una subespecie no psicoactiva que solo posee de 0,2 a 0,3% de THC e incluso se han logrado producir variedades sin el compuesto activo. En palabras sencillas, aunque usted fuese muy entusiasta y decidiera fumarse un cultivo de cáñamo, no se va a elevar. A esto, se sumaron los intereses económicos de terceros, un gran partícipe fue William Hearst quien además de ser productor de papel a base de celulosa, era también dueño de algunos de los periódicos más exitosos en el país, por lo tanto le fue fácil denigrar a la competencia; Hearst es conocido hoy en día como el padre de la prensa amarillista o de “veracidad dudosa” en sus publicaciones y la explotación del tema de la marihuana hizo que vendiera muchas copias de su periódico, por lo tanto la relación con Anslinger se retroalimentó. Hearst era dueño de aserraderos para la “División productora de papel Hearst” por lo que la industrialización del cáñamo lo hubiese arruinado. El cine, inspirado por estos acontecimientos, da la estocada final y juega un rol fundamental en la prohibición y en la percepción de la marihuana como sustancia peligrosa; uno de los más notables ejemplos se puede observar en la película de 1936, “Reefer Madness” que fue el intento más desesperado para alejar a la juventud del cannabis. Anslinger trabajaría en el Federal Bureau of Narcotics hasta 1962.

El 2 de octubre de 1937, el presidente Roosevelt firmó la “Ley de impuesto a la marihuana” (Marihuana Tax Act) influenciado por la depresión económica que vivía su país, prohíbe la posesión de semillas y el cultivo de marihuana sin un permiso, pero las autoridades encargadas nunca lo emitieron y la planta se volvió ilegal. Estados Unidos espera que los demás países sigan su ejemplo prohibicionista y de a poco más naciones se unieron, solo Francia continuó con una postura firme y decide continuar cultivando cáñamo. A pesar de los acontecimientos, en febrero de 1938 la revista estadounidense Mecánica Popular publicó un reportaje innovador para su época “Hemp: the new billion dollar crop” (Cáñamo: el cultivo multimillonario), en el cual se expone en detalle los diferentes productos que se podían obtener del cáñamo, estimados en alrededor de 25000, que van desde el papel celofán a la dinamita y otros 5000 productos textiles. Fue así como un medio serio y creíble le muestra a la población que el cáñamo podría ser la solución a muchos problemas, y que de paso reemplazaría a tantas otras industrias. Esto generó una verdadera preocupación a los competidores directos del cáñamo y a sus intereses económicos, por lo tanto la guerra hacia el cáñamo se intensificó y se convirtió en un producto que debía sacarse del mercado con urgencia. Prácticamente todos los productos que se producen a base de árboles y petróleo, pueden reemplazarse por cáñamo, lo que también significa oportunidades más sustentables para el planeta.

Algo insólito sucede en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de los Estados Unidos de alguna forma se retracta de la política prohibicionista al exhibir “Hemp for Victory” dirigido por Raymond Evans, bajo encargo del gobierno y el Ministerio de Agricultura. En éste se promocionaba el cultivo de cáñamo bajo la premisa de que plantar cáñamo era la manera en que el ciudadano podía contribuir con los soldados que luchaban en la guerra. Como el cáñamo se había prohibido, se utilizaba el abacá o cáñamo de Manila pero, tras la invasión a Filipinas por parte de los japoneses, se les hacía imposible conseguirlo y motivados bajo la necesidad de obtener fibra, deciden reavivar el cultivo y el cáñamo se convirtió en la opción más rentable para obtener fibra en los suelos estadounidenses. Sin embargo, los cultivos estaban sujetos a la ley de impuesto a la marihuana por lo tanto, solo eran permitidos con un permiso federal y tras el pago de dicho impuesto. Esto no dura mucho tiempo ya que una vez que termina la guerra, se recuerda la ley de impuesto a la marihuana y en 1946 vuelve a ser un cultivo ilegal.

En 1970 se promulga la ley de control y prevención comprensiva del abuso de drogas (Comprehensive Drug Abuse prevention and control act) la cual es una ley federal que obliga a las compañías farmacéuticas a poseer un registro de determinadas drogas. Además de clasificar las drogas en categorías con las cuales se determina el grado de potencial de abuso por parte de los consumidores. En 1972, Nixon crea la Drug Enforcement Agency (DEA), encargada de combatir el tráfico. Durante esos años se esconden y destruyen las copias de “Hemp for Victory” en un intento desesperado de negar que el gobierno alguna vez haya reconocido los beneficios del cáñamo. Esta institución se encarga de perseguir a todos los consumidores de cannabis ya sea con fines medicinales, recreativos e industriales.

El largo camino a la legalidad

A partir de la mitad de los años noventa y tras años de represión, comienza un resurgimiento de los cultivos de cáñamo industrial en especial debido al elevado valor económico que se puede obtener de sus diversos productos. Entre los beneficios de cultivar cáñamo, se puede afirmar que es una planta que crece con rapidez y en prácticamente cualquier tipo de suelo o clima; si se desea producir fibra, tomará de 90 a 150 días de crecimiento; en cambio para la producción de semillas, se necesitarán alrededor de 170 días. Por lo general se utiliza la cannabis sativa L. subespecie sativa variedad sativa, es una planta macho en su totalidad, por lo tanto no cogolla. Para nuestro lado del hemisferio, se sugiere cultivarlo entre septiembre y noviembre y la cosecha debería ocurrir antes de que la planta florezca para evitar así el debilitamiento de las fibras. En la actualidad, la Unión Europea ha aprobado 41 variedades de Cannabis sativa que poseen una baja concentración de THC lo que las hace aptas para su cultivo industrial; entre los países que cultivan se puede mencionar a Francia, Alemania, Holanda, Canadá, China y Australia. En el 2009, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), celebró el año internacional de las fibras naturales y China fue el país escogido para representar los beneficios del cultivo de cáñamo.

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La planta posee cuatro partes principales: las semillas, tallos, flores y hojas. De cada una de estas partes, se pueden fabricar diferentes productos, lo que significa un aprovechamiento total de los recursos obtenidos. Comúnmente se ha creído que las semillas de cáñamo solo sirven para propagar la especie pero se pueden obtener variados productos como por ejemplo, aceite comestible, harina, leche, pan, granola, cosméticos, shampoo, jabón, solventes, lubricantes y biocombustibles.

De los tallos, se obtiene fibra vegetal que puede convertirse en material para ropa, telas, cuerdas y pulpa para papel. El papel de cáñamo destaca por su durabilidad y supera a otros papeles en cuanto a su conservación, de hecho el Acta de Independencia de los Estados Unidos fue redactada en papel de cáñamo y se encuentra en mejor condición que muchos documentos escritos en papel a base de otras fibras. Además, si se le compara con los bosques, con el cáñamo se pueden obtener 4 veces más pulpa por hectárea y media cultivada y se estima que se consigue en 4 o 6 meses, lo que tomaría de 6 a 8 años en la industria forestal. Las flores y hojas se utilizan en menor proporción que las semillas y tallos pero, aun así pueden ser utilizadas para fabricar biodiesel y otros aceites; por ejemplo en el año 2001, el auto cáñamo (Hemp Car) inició su recorrido por 50 ciudades en 90 días y viajó 20.921 kilómetros con combustible de cáñamo.

Otra gran ventaja de los cultivos es que no necesitan pesticidas ni herbicidas, sustancias químicas que se ven asociadas a cáncer y malformaciones, por lo que la ausencia de estos químicos lo convierte en un cultivo muy sano para el consumo humano; al no contaminarse la tierra ni el agua, es más fácil realizar su proceso de certificación como cultivo orgánico si es que así se quisiera. Además, como crece rápido no provoca erosión del suelo y al tener raíces delgadas y extensas lo oxigenan, preparándolo así para el futuro cultivo de otras especies. El cáñamo es una planta que necesita sol, aunque no en cantidad abundante y absorbe gran cantidad de dióxido de carbono liberando grandes cantidades de oxígeno que benefician a todo nuestro planeta. El mismo biocombustible de cáñamo podría ser una solución a nuestra dependencia por los combustibles fósiles y a disminuir el calentamiento global. Incluso se discute cómo el cáñamo puede beneficiar al continente africano, en especial con la producción de semillas que son una gran fuente de alimento y poseen un 30% de proteínas, además de contener ácidos grasos esenciales como el ácido linoleico, ácido alfalinolénico, omega 6 y omega 3. Las semillas de cáñamo contienen edestina, una proteína globular que sirve para crear anticuerpos y puede tratar con éxito a la tuberculosis, enfermedad que bloquea la nutrición y que aqueja a África.

No hay duda alguna de los beneficios que entrega el cáñamo pero, ¿qué pasa en nuestro lado del planeta? Los tiempos de cambio se pueden oler en el aire. Nuestros vecinos argentinos dieron un gran paso al despenalizar el consumo de cannabis y en mayo de este año, la Asociación Rosarina de estudios culturales (AREC) solicitó el cultivo de cáñamo industrial. En Uruguay, se han hecho grandes reformas y miramos a este país con ojos de esperanza. En el 2009, el gobierno Uruguayo le otorgó permiso para cultivar cáñamo a “Latin America Hemp Trading”. Además el gobierno discute y planifica su próxima legalización, en la cual planea dar permiso para que particulares puedan cultivar en sus hogares, así como además que las farmacias puedan comercializar cannabis y mantener un registro de usuarios.

Biocombustible

En nuestro país la situación es un tanto “especial”. Por una parte, se pueden encontrar semillas de cáñamo incluso en los supermercados como alimento para aves pero por otra, a partir del año 1995, la ley de drogas 19.366 facultó al Servicio Agrícola Ganadero (SAG) a emitir el permiso para los futuros cultivos de cannabis y este vendría a ser un hito dentro de la prohibición del cáñamo. Años más tarde, la ley 20.000 tampoco ayudaría a la causa ya que no distingue ni reconoce las diferentes variedades de cannabis, perjudicando aun más al cáñamo, esto se debe principalmente al temor infundado de algunas autoridades que sostienen que esta situación se prestaría para cultivar marihuana en forma clandestina; se debe aclarar que los países productores de cáñamo son sujetos a rigurosas fiscalizaciones para evitar el mal uso de los permisos otorgados, por lo que se esperaría lo mismo en el caso de Chile.

La legislación chilena no sanciona la posesión, venta y transporte de semillas de cáñamo. La ley 20.000 en su articulo 8, 9, 10 y 63, hacen alusión a la cannabis y establece que no se puede plantar o cosechar sin permiso del SAG a menos que se justifique que están destinadas a su uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo. Señala que si obtiene el permiso y después destina al tráfico ilícito alguna de las especies vegetales allí señaladas, o sus rastrojos, florescencias, semillas u otras partes activas, será penado con presidio mayor en sus grados mínimo a medio y multa de cuarenta a cuatrocientas unidades tributarias mensuales. Si usted quiere cultivar cannabis, entonces necesita un permiso del SAG, el problema es que nadie sabe realmente cómo obtener este permiso ya que nadie ha logrado cultivar con permiso. Cabe recordar que el 25 de marzo, se hizo una petición masiva para obtener el permiso del SAG y no se obtuvo ningún tipo de respuesta clara.

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En la actualidad, en nuestro país se intentó cultivar cannabis medicinal, que ya hemos establecido difiere del cáñamo pero, es el acercamiento mas próximo que posee nuestra nación en cuanto al cultivo de cannabis. Me refiero en específico al caso de la empresa agrícola Agrofuturo Ltda. Situada en Los Ángeles, región del Bíobío ha intentado obtener su permiso desde el año 2007 y finalmente el 31 de enero de 2011 lo obtuvo. El permiso no duró mucho ya que se causó un gran revuelo mediático por parte de los sectores más conservadores y les fue revocado. Tras interponer un recurso de protección, la Corte Suprema nuevamente lo aprobó y como paso final del proceso, el SAG tuvo que informar al Instituto de Salud Pública (ISP) pero este último declaró que se oponía a la distribución de medicamentos que contuviesen dronabinol. El SAG consideró que el permiso otorgado se había vuelto innecesario y una vez más lo revocó. Agrofuturo continúa con su lucha hasta el día de hoy e inspira a toda una nación que observa sus pasos.

El cáñamo merece un buen debate, no es justo que se meta en el mismo saco que la cannabis, si es la parte psicoactiva la que les molesta, bueno de qué se preocupan si las variedades de hoy en día no contienen THC. ¿Cáñamo industrial en Chile? ¿Por qué no? Sería una locura no intentarlo ya que los beneficios son múltiples y bueno, si es el supuesto cultivo multimillonario, entonces háganlo por nuestra economía por último, la creación de nuevos empleos no perjudica a la nación. Sólo me pregunto cuáles serán las excusas que intentarán dar nuestras autoridades, porque seamos honestos… digan lo que digan después de tantos buenos argumentos, no creo que sus respuestas tengan mucho peso.

Por Daniela Rodríguez (@Danirodrigz).

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